miércoles, 13 de enero de 2016

De mi libro de viajes

Miércoles 13 de enero de 2016, al mediodía, en mi casa: (De mi diario de viajes).- Cada tanto, de tiempo en tiempo, ya no puedo escribir con buena letra, la buena letra con la que conseguía una calificación de 10 en la asignatura de Caligrafía, en el instituto secundario de Enseñanza. Éso ya es historia antigua en estos tiempos que corren. No fue mejor antes que ahora ni es mejor ahora que antes, simplemente los momentos son diferentes y diversos. Así es la vida y "dices tu de Mili" como remarca el personaje de José Mota. Estoy como esos tipos que, con muchos años, te agobian contando sus repetidas anécdotas del Servicio Militar. Acabo de darme un capricho, comprarme una pluma estilográfica alemana Lamy, de aluminio color negro, por poco más de 20 euros, o sea que está al alcance de casi cualquiera. Pero, para mí, en mi caso particular, tiene un gran valor, más que nada porque ya pertenece a esa familia de herramientas que he utilizado para escribir, en mi aficionado hobby preferido como en mi trabajo particular. Eso sí, a la que más odio es al ratón del ordenador, que según los médicos es responsable de mi lesión en el codo, una epicondilitis llamada del tenista, nunca he practicado ese deporte; aunque en eso me parezca a un gran campeón como Rafa Nadal, pero estoy convencido de no tener nada de campeón. Para continuar esta historia mínima, siempre me gustó escribir con una herramienta atractiva. No he podido encontrar una vieja Parker que compré hace unos 40 años. Hace cinco años que he estado escribiendo, y escribiendo, con un bolígrafo Inoxcron de menos de diez euros. Pero si hablamos de cosas sentimentales más que que por su valor material en dinero, no puedo dejar en el tintero, nunca mejor dicho, una pluma de las antiguas llamada en la España meriodional (América) lapicera o lapicero que no es ni más ni menos que un mango con una pluma o plumín insertado, que me regalaron en algún cumpleaños, antes de cumplir los diez años, unos amigos de Mar del Plata y que habían comprado en un mercadillo de artesanías de los reclusos de la prisión local. No supe nada de ese presidiario ni lo sabré, como tampoco sabré cuántos kilómetros de escritura, cuántos litros de tinta, minas de lápiz, ni tipos de herramientas para escribir he utilizado. Lo único que sé, aunque no sé si estoy preso, es que estoy condenado, ahora hasta siempre, al teclado del ordenador.

martes, 22 de septiembre de 2015

Despedida del verano 2015

Un abrazo otoñal.
No me puedo quejar de que este blog se lea poco. Hace cinco años escribí, por estas fechas, una despedida del verano que sigue siendo leída por varios lectores, no muchos, sino algunos, lo digo con modestia auténtica. Acaba de comenzar el otoño, acá en el hemisferio norte; ya es primavera en la mitad austral, y es hora de despedirnos de la tibieza cálida del sol y darle la bienvenida a las alfombras de hojas ocres que no trae el otoño con generosidad. Visito el parque Ferrera y ya empiezan a caer las castañas. Mi padre, como asturiano genuino que era, vendía en su tienda de alimentos del barrio bonaerense de Caballito estos ricos frutos que me mi madre horneaba para el deleite de la familia. Entra una estación que nos ayuda a reflexionar sobre la característica peculiar de los cíclico en nuestras vidas. Unos días estamos bien, otros nos sentimos mal; en fin que parece que nada permanece y todo el universo varía como la intensidad del sol o la luminosidad de la luna en cada estación.. Les decía, hace cinco años que escribí esto: "La placidez de una puesta de sol, con el graznido de gaviotas y la fragancia fresca del mar. Qué más se puede pedir como colofón de un buen verano en el hemisferio norte. Ningún pronóstico meteorológico podía predecir, ayer por la mañana, el buen día que iba a venir, generoso y amigable. Por la mañana estaba nublado, lo pude ver desde el balcón de mi casa, entre el trajinar de las furgonetas de reparto de mercancía, dentro del horario permitido en las calles peatonales del casco antiguo de Avilés. Un par de gaviotas traviesas revoloteaban con su voz característica. Me imaginé que presagiaban buen tiempo. Había amanecido en la víspera con un tono rosado en el cielo. Mi gran amigo del alma Dante, de origen genovés; él diría xeneize como se llama también a los hinchas del club de fútbol bonaerense del Boca Juniors; me había enseñado una frase en italiano que dice "Rosso per la sera, bon tempo se espera",  (rojo por la tarde, buen tiempo se espera). Al mediodía el sol se mostraba refulgente en su timidez. Era un día ideal para la playa, aún en setiembre, acá en el norte, para despedir el buen verano que hemos tenido. El agua de la playa de San Juan de Nieva estaba fría, pero los rayos del sol apacible acariciaban como la sonrisa de una madre." Y, hace dos años, escribía lo siguiente: "Llega el otoño, discreto, silencioso; con el tópico permanente de las hojas ocres de los árboles, estáticas y sollozantes, alfombrando los senderos de los parques. Se aproxima el frío, llega la lluvia, fiel a su cita. El sol se esconde tras las cortinas de las nubes grises agridulces. Un buen momento para tomar un café, mirar por la ventana o escoger la lectura deseada, en ese vicio casero placentero, de reposar energías sobre el sofá. Llega la tranquilidad del otoño, estación apacible, reposada como una siesta reparadora de las travesuras del verano." Que tengan un buen día, que lo pasen lo mejor posible, en otoño o en primavera.

martes, 1 de septiembre de 2015

Los jefes malvados

Algunas veces, muchas veces, el que sabe, sabe y el que no, es jefe: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-02-07/las-peores-clases-de-jefes-y-como-pueden-destruir-tu-salud-mental_84804/

lunes, 27 de julio de 2015

“La gente fea me da pena”

Me decía que le daban mucha pena los feos, con una sonrisa que embellecía sus facciones. Dante, a sus 57 años en aquella época, hijo de inmigrantes genoveses, era mi vecino del barrio bonaerense de Caballito y amigo preferido. Sostenía que no había mejor manera de encontrar la belleza en una sonrisa. Por eso argumentaba que iba a ver los partidos de fútbol para gozar de la preciosidad de los goles. Hoy, varios años después de su muerte, seguro que le gustaría ir a los estadios de fútbol para degustar un buen gol de esos que sabe hacer muy bien Leo Messi.
A Dante le gustaba la cocina porque decía que un buen plato hace feliz a cualquiera. Solía usar ajo, perejil, albahaca y orégano con la suficiente frecuencia como para dibujar un gesto suave de satisfacción tan tímido y tibio como los rayos de sol del invierno. El olor a ajo frito era una de las maravillas más grandes del mundo que le hacía feliz. Otro plato que entronaba en los altares de la alta cocina eran los espaguetis rociados con aceite de oliva o acompañados de buena mantequilla, aderezados con queso parmesano.
Le daba pena la gente fea, murmuraba, esbozando una mueca de alegría cuando preparaba sus platos preferidos.
Con el tiempo me puse a pensar en su teoría y, es evidente, que las personas feas también me dan pena. Son los que les conoces porque les ha hecho algún favor y te miran sin saludar por la calle. No me gusta la gente maleducada, que se te cola para pagar antes en la caja del supermercado; te empuja para poder subir primero que tú en cualquier transporte público. Los más feos son los que mienten o te engañan, los que exageran o cuelgan sus fotos en las redes sociales de manera inadecuada. Hay miserables entre los que pegan a los niños, maltratan a sus mujeres o se aprovechan de la debilidad de los ancianos.

Pero los más feos de la historia son los políticos que roban grandes cantidades de dinero al pueblo; los que prometen cosas que saben que nunca se han de conseguir o que usan todas sus artimañas para convertirse en políticos vitalicios sin resolver, de verdad, los problemas de los ciudadanos. Incluyo en la lista a los fabricantes y traficantes de droga y de armas, los que explotan a los trabajadores para amasar grandes fortuna. Los que buscan el poder a toda cosa, los que pretenden enriquecerse para convertirse en millonarios a costa de la pobreza de mucha gente. La lista de feos es interminable, desde el diablo bíblico a los enemigos de los superhéroes de las historietas. Para huir de tanta fealdad me refugio en una plácida playa, cerca de las cristalinas olas del mar que me refrescan. Lo más lindo es el verano.

jueves, 21 de mayo de 2015

La RAE desestima los desdoblamientos "artificiosos e innecesarios" desde el punto de vista lingüístico"


Los ciudadanos y las ciudadanas, los niños y las niñas

Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto.
La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.
El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones.

Ver mas en t: http://www.rae.es/consultas/los-ciudadanos-y-las-ciudadanas-los-ninos-y-las-ninas#sthash.CPkoCa3u.VAR8bPAU.dpuf

Sobre el lenguaje inclusivo

Yadira Calvo opina:
"El lenguaje inclusivo no es usar, ellos y ellas, muchachas y muchachos, y poner arrobas. Eso es una búsqueda, que es muy válida como toda búsqueda de equidad, para atenuar el sexismo que tiene el idioma, pero es la forma equivocada. Hay que conocer un poco más el idioma para hacerlo de forma adecuada, no para eliminarlo porque eso está en la gramática, pero hay vocablos comunes: oficinista, poeta, periodista… son palabras que sólo podemos determinar si es hombre o mujer por el artículo que le pongamos. También podemos usar abstractos cuando se presta, en vez de niños decir niñez, no siempre se presta. Usted como periodista lo sabe muy bien, porque su trabajo es el lenguaje, y sabe cómo se usa. Es como vestir, uno no va vestido de la misma forma a cualquier lado.
Se pueden usar abstractos, comunes, nombres colectivos, en vez de decir los pobladores de Guadalupe, sino la comunidad de Guadalupe, y no porque comunidad sea femenino, es colectivo. Tiene marca de femenino pero implica hombres y mujeres  clarísimamente. O podemos usar palabras epicenas, como víctima, o personaje, que aplican a hombres y a mujeres. Ese tipo de vocablos.
De todas maneras, escribir cuesta y requiere un esfuerzo mental, eso va a requerir más esfuerzo mental, como la gente no quiere hacer esfuerzo mental y tal vez le faltan las herramientas necesarias para ponerlo en práctica, pues recurren a ‘’los las’’ y al arroba, pero eso no es lenguaje inclusivo." (Sin comentarios, lo ha dicho todo.